Es increíble contemplar como todo
cambia. Increíble de verdad. En el tiempo de leer esta primera de línea millones
de cosas han cambiado, es abrumador tan solo pensarlo. Un primer beso, una
última caricia, el final de una vida, el despertar de un sueño, la primera
mirada al mundo de un recién nacido… En el día a día nunca nos paramos a reflexionar
sobre ello, parece que casi no merezca la pena. Sencillamente, puede que los cambios constantes nos resulten
tan difíciles de asimilar que sea mejor ni siquiera pensar en ellos;
esquematizar nuestra vida de manera ajena a todo aquello que pueda alterar la
lógica de las cosas. Pero, ¿quién define lo que es lógico? A veces simplemente
nos acogemos a lo cívicamente lógico porque es lo más sencillo, nos aísla de la
complejidad de las ambigüedades, necesitamos saber las cosas con exactitud, no
podemos plantearnos cada mañana al despertar la existencia de un universo infinito,
o que en la calle haya personas necesitadas de alimentos, preferimos
sencillamente centrar nuestra mente en aquello que podemos mantener bajo
nuestro control, para lo que tenemos solución tangible y porque a veces podemos
llegar a pensar que la ignorancia nos hace más felices, y no puedo decir que no
esté del todo de acuerdo con ello. Pero siempre he defendido que el máximo nivel de bienestar se alcanza por
aquellos que aún siendo conocedores de la verdad, son capaces de afrontarla y
vivir para cambiarla.
Y la ignorancia no se cura
leyendo, sino conociendo. Conocer el mundo es experiencia y la experiencia es
sabiduría. Pero volviendo a la dudosa lógica de nuestra sociedad, es curioso
ver cómo vivimos en un mundo en el que amar es un motivo del que avergonzarse
porque es muestra de debilidad, mientras que atacar a los demás es motivo de
respeto…ahora lanzo yo la pregunta: ¿Es esto lógico? Desde niños nos reímos de
aquel al que “le gusta” una niña o niño de la clase, y alabamos al que le pega
a la salida de la escuela. Poco a poco reprimimos todo aquello que sentimos por
miedo al rechazo, por temor a sentirnos
diferentes. Yo misma solía pensar así. Tiempo después lo recuerdo incluso con
una sonrisas porque es irónico, todas aquellas personas que defendían la
originalidad, no eran más que copias de otros.
Y si tienes un sueño ellos
intentarán destruirlo pero por experiencia digo, que aquellos que tratan de
destruir los sueños de otros, es porque han perdido los suyos, y porque han
caído antes incluso de iniciar la batalla. Porque la vida es un desafío, una
batalla que librar, es un revuelo constante de fortunas y adversidades, de
cambios, de personas que aparecen, que te marcan…y que irremediablemente, un
día se marchan. A veces olvidamos esto y podemos caer en la monotonía y olvidar
que nada es para siempre y que el viento gira en otro sentido cuando menos lo
esperamos. Que ninguna nube se cierne sobre nosotros sin dejar un rayo de sol
tras ella. Que cada lágrima de rabia derramada nos hace más fuertes. Que la
experiencia no solo se gana con los años y que tras una fachada pueden ocultarse
muchas cosas.
Cuando la magia del tiempo hace
su efecto y pone cada cosa en su lugar, es cuando realmente aprendemos. A veces
se necesitan años, otras, apenas un segundo, y de ese tiempo almacenamos recuerdos,
como si de tesoros se tratase, pero ningún tesoro podría igualarse a su valor. Cada
uno de ellos puede destruirnos o darnos la fuerza necesaria para afrontar determinadas
cosas, y lo más importante, son como los sueños: únicos y enteramente nuestros.
Probablemente, la importancia de los recuerdos resida que en que a partir de
ellos, nos damos cuenta de todo aquello por lo que hemos pasado, y de todo lo
vivido, pero sobre todo de todos los cambios, y es que es increíble contemplar,
como todo cambia.